Poem
El Canto de la Partida
Si alguna vez has visto un
millón de monarcas con sus alas selladas
sobre un árbol en Monterrey,
sabrás del canto de la partida.
Parecían sin vida; una corteza de
invierno amortajada de gris cenizo,
pues algún susurro de ansia pasó dentro de ellos,
el respiro de una arpa antigua.
Es el sonido que buscó el rey Saúl
cuando invocó la pasión de David
para que tocara y resucitara
su alma atormentada.
El médium estaba equivocado
y su mano ya vampirizada
proyectó la lanza real
hasta el príncipe de la inspiración.
Si alguna vez ves el silencio
de la lanza llegar a ti,
sabrás del canto de
la partida.